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Capítulos de libros «La Epístola de Pablo a Los Romanos»
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  • Este capítulo puede considerarse un suplemento de la constitución para la vida de iglesia. Al presentar cada artículo, el corazón del autor era tolerante, su actitud amplia, y su manera de ver las cosas, noble. Para practicar la vida de iglesia que él instituyó en el Ro. 12, debemos seguir estrictamente el suplemento presentado en este capítulo. Muchos santos que aman al Señor y procuran vivir la vida de iglesia han fracasado porque han descuidado este asunto o se han equivocado al respecto.

  • Para practicar la vida del Cuerpo revelada en el cap. 12, debemos aprender las lecciones prácticas en cuanto a recibir a los creyentes, como se revela particularmente en Ro. 14:1-23; 15:1-13, para que la vida de iglesia sea todo-inclusiva, es decir, capaz de incluir toda clase de cristianos genuinos. Recibirlos de esta manera requiere la transformación mencionada en el Ro. 12 si seguimos siendo hombres naturales, no podremos recibir a las personas cuyos criterios sean diferentes a los nuestros en cuanto a la doctrina o a la práctica.

  • Es decir, consideraciones doctrinales. Debemos aprender a no juzgar los conceptos doctrinales de otros. Sin embargo, no podemos tolerar la adoración de ídolos (1 Jn. 5:21; 1 Co. 8:4-7), la fornicación, la avaricia, la maledicencia y otros pecados serios (1 Co. 5:9-11; 6:9-10), la división (Ro. 16:17; Tit. 3:10), y el negar la encarnación de Cristo (2 Jn. 1:7-11). Siempre y cuando alguien sea un cristiano genuino y profese la fe fundamental del Nuevo Testamento, no debemos excluirlo, aun cuando difiera de nosotros con respecto a la doctrina; más bien, debemos recibirlo en el Señor, quien es Señor suyo y nuestro.

  • Con respecto a recibir a los creyentes, Pablo usó como ejemplos la comida (vs. 2-3) y guardar ciertos días (vs. 5-6). Dios nos recibe sin tomar en cuenta lo que comemos o si guardamos ciertos días o no. Éstos son asuntos menores y secundarios que no tienen nada que ver con nuestra salvación y la fe fundamental. Por lo tanto, no debemos menospreciar ni juzgar a otros con base en estos asuntos.

  • La base sobre la cual recibimos a los creyentes es que Dios los ha recibido. Dios recibe a la gente conforme a Su Hijo. Cuando una persona recibe al Hijo de Dios, nuestro Señor Jesucristo, como su Salvador, inmediatamente Dios recibe a tal persona y la introduce en el disfrute del Dios Triuno y de todo lo que Él ha preparado y realizado en Cristo para nosotros. Debemos recibir a otros de la misma manera y no debemos ser más estrictos que Dios. No importa cuánto difieran de nosotros en cuanto a conceptos doctrinales o prácticas religiosas, los debemos recibir. Cuando recibimos a otros conforme a Dios y no conforme a la doctrina o la práctica, mostramos y mantenemos la unidad del Cuerpo de Cristo.

  • El juicio ante el tribunal de Dios es diferente del juicio eterno de Dios mencionado en Ro. 2:2, 3, 5, 16 y Ro. 3:8, el cual será llevado a cabo principalmente ante el gran trono blanco (Ap. 20:11-15). El juicio eterno ante el gran trono blanco será
    1) después del milenio,
    2) para juzgar a todos los incrédulos muertos
    3) para castigo eterno en el lago de fuego.
    Tal juicio se menciona en este libro en la sección que trata sobre la condenación porque este juicio será ejecutado sobre todos los pecadores condenados. Sin embargo, el juicio ante el tribunal de Dios, o sea, el tribunal de Cristo, será
    1) antes del milenio, inmediatamente después del regreso de Cristo,
    2) para juzgar a todos los creyentes que hayan sido arrebatados, tanto los vivos como los resucitados
    3) para otorgar recompensa o castigo durante el reino milenario. En este juicio se tendrá en cuenta la vida y la obra de los creyentes después que fueron salvos. Ya que este juicio tiene mucho que ver con la transformación de los creyentes, se menciona aquí en esta sección que trata de la transformación.

  • Lit., profano.

  • O, contristas.

  • Este versículo es una prueba contundente de que, en la era de la iglesia, la iglesia misma es el reino de Dios, porque el contexto trata de la vida de iglesia en la era actual. La iglesia tiene que ver con la gracia y la vida, mientras que el reino tiene que ver con el ejercicio y la disciplina.

  • El reino de Dios es la esfera en la cual Dios ejerce Su autoridad a fin de expresar Su gloria para el cumplimiento de Su propósito. En tal reino, lo que importa no es el comer ni el beber, sino la justicia, la paz y el gozo en el Espíritu Santo. La justicia denota lo que es recto y apropiado. Aquellos que viven en el reino de Dios deben ser rectos y apropiados para con los demás, para con las cosas y para con Dios; en ellos no debe haber nada erróneo, inapropiado, torcido, tendencioso ni parcial. Esto requiere que ellos sean estrictos consigo mismos. La paz es el fruto de la justicia (He. 12:11 y la nota). La paz caracteriza la relación que las personas que viven en el reino de Dios deben tener con los demás y con Dios. Si somos justos, rectos y apropiados para con los demás, para con las cosas y para con Dios, tendremos una relación pacífica con los demás y con Dios. Así que, tendremos gozo en el Espíritu Santo y, en particular, delante de Dios. De esta manera estaremos llenos de gozo y del Espíritu Santo (Hch. 13:52), y en nuestro vivir expresaremos justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo, los cuales son la realidad del reino de Dios.

    Conforme al contexto de este capítulo, este versículo fue escrito teniendo en cuenta cómo recibimos a los creyentes. Si los recibimos conforme a la instrucción dada por el apóstol en este capítulo, seremos rectos y apropiados para con los que recibimos y tendremos paz con ellos; así que, tendremos gozo en el Espíritu Santo, demostrando que vivimos en la realidad del reino de Dios y que estamos sujetos al gobierno de Dios. Si no los recibimos conforme a la instrucción dada por el apóstol, no seremos rectos ni apropiados para con los que no recibimos, y no tendremos paz con ellos; así que, no tendremos gozo en el Espíritu Santo ante Dios, lo que demuestra que no nos hemos sometido a la autoridad de Dios en el reino de Dios.

  • Lit., sirve como esclavo. Véase la nota Ro. 1:12. Vivir en el reino de Dios según la justicia, la paz y el gozo del Espíritu Santo es servir como esclavo a Cristo. Esto agrada a Dios y es aprobado por los hombres, y también resguarda la unidad de la iglesia, para la vida práctica del Cuerpo.

  • Para la vida de iglesia apropiada, debemos seguir lo que contribuye a la paz, lo que mantiene la unidad del Cuerpo, y debemos también seguir lo que nos edifica unos a otros, todo lo que ministra vida a los demás miembros para la mutua edificación.

  • En todas las personas salvas hay cierta medida de la obra de Dios. Si por nuestros conceptos doctrinales hacemos que alguno de los creyentes tropiece, entonces derribamos, destruimos, la obra de gracia que Dios ha llevado a cabo en dicha persona.

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