Nosotros los que creemos en Cristo llegamos a ser piedras vivas, iguales a Él, por medio de la regeneración y la transformación. Nosotros fuimos hechos de barro (Ro. 9:21). Sin embargo, en la regeneración recibimos la simiente de la vida divina, la cual crece en nosotros y así nos transforma en piedras vivas. Cuando Pedro se convirtió, el Señor le dio un nombre nuevo: Pedro, que significa: una piedra (Jn. 1:42), y cuando recibió la revelación referente a Cristo, el Señor le reveló además que Él era la roca, una piedra (Mt. 16:16-18). Con estos dos incidentes quedó impreso en Pedro el hecho de que Cristo y Sus creyentes son piedras para el edificio de Dios.
