En la Biblia, la herencia de una persona es determinada según la genealogía, en conformidad con la fuente de vida y la comunión de vida. Que las hijas de Zelofehad constituyeran una de las familias de Manasés, hijo de José, indica que ellas eran partícipes de la vida y de la comunión de esta vida, la cual procedía del origen apropiado. Esto indica que para heredar a Cristo como nuestra buena tierra, es imprescindible que el origen de nuestra vida sea el apropiado, es decir, tenemos que haber nacido de Dios para ser Sus hijos (Jn. 1:12-13).
La familia paterna representa a la iglesia (Ef. 2:19). Si hemos de disfrutar a Cristo como nuestra herencia, participando de Sus riquezas, es imprescindible que participemos también de la vida de iglesia. Si abandonamos la vida de iglesia con la correspondiente comunión de vida, espontáneamente perderemos nuestro derecho a heredar el disfrute de Cristo.
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