La apostasía de Jeroboam (vs. 25-33; 13:33-34) consistió en que él
1) hizo dos becerros (ídolos) de oro y puso uno en Bet-el y otro en Dan para distraer a su pueblo apartándolo de la adoración a Dios en Jerusalén (vs. 25-30), y así quebrantó lo dispuesto por Dios de que debía haber un solo centro de adoración en la Tierra Santa a fin de mantener la unión, la unidad, de los hijos de Israel (Dt. 12:2-18);
2) edificó un templo en los lugares altos y designó sacerdotes de entre la gente común y no de la tribu de Leví (v. 31; 13:33b; 2 Cr. 13:9);
3) instituyó una fiesta que se celebraría el día decimoquinto del octavo mes (mes que él había inventado en su propio corazón), similar a la fiesta que se celebraba en Judá (vs. 32-33b);
4) ofreció sacrificios sobre el altar de Bet-el a los becerros que él hizo y puso en Bet-el a los sacerdotes de los lugares altos (vs. 32-33a) y
5) subió al altar para quemar incienso (v. 33b) pese a no ser sacerdote.
La apostasía de Jeroboam puede considerarse un tipo de la apostasía imperante en la cristiandad de hoy, donde hay centros de adoración divisivos, un sistema de clérigos y laicos, “fiestas” religiosas instituidas por ellos mismos e idolatría. Cfr. la nota Jue. 17:51.
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