En la gran tribulación, cuando la era presente llegue a su consumación, en toda la tierra de Israel dos tercios del pueblo será exterminado, muerto, por el anticristo en su persecución de los judíos (Ap. 11:2; 13:7). Un tercio del remanente será dejado sobre dicha tierra, el cual será metido en el fuego, será refinado como se refina la plata y será probado como se prueba el oro mediante la persecución del anticristo (vs. 8-9a). Éstos serán quienes estarán inscritos en el libro a manera de un registro secreto (Dn. 12:1b). Ellos invocarán el nombre del Señor, y el Señor les responderá. El Señor declarará que ellos son Su pueblo, y ellos declararán que el Señor es su Dios (v. 9b). Ellos serán salvos al ser introducidos en el disfrute de las riquezas del Dios Triuno, primero durante el milenio, para ser los sacerdotes que enseñen a las naciones (Zac. 8:20-23; Is. 2:3), y después en la Nueva Jerusalén para participar, en la eternidad y por la eternidad, de todas las bendiciones dispuestas por Dios (véase Ap. 21:12 y la nota 4, párr. 2). En esto consiste la salvación de toda la casa de Israel (Ro. 11:26-27). Véase la nota Dn. 12:13d.
Búsqueda