El pueblo de Dios había recibido mandato de Dios respecto al éxodo de Egipto (Éx. 12:21-27), pero además de Su mandato necesitaba Su dirección, esto es, que Él los condujera. La dirección del Señor es condicional. Según este capítulo, para ser conducido por Dios, Su pueblo tiene que ser santificado (v. 2), experimentar el nuevo comienzo propio de una vida sin pecado (vs. 4-7) y estar en resurrección (v. 19).
