Las aguas por las cuales pasó Noé son figura de las aguas del bautismo (1 P. 3:20-21 y la nota 1 P. 3:211). La brea de la cual estaba recubierta el arca salvó a Noé del juicio del diluvio (véase la nota Gn. 6:143), mientras que el agua del diluvio no sólo sirvió para juzgar al mundo, sino también para separar a Noé de tal era maligna (cfr. Gá. 1:4; Hch. 2:40-41). Igualmente, el agua del mar Rojo sirvió para juzgar a los egipcios y salvar a los hijos de Israel de aquella era egipcia (Éx. 14:26-30). El agua del bautismo simboliza la muerte de Cristo, mediante la cual Satanás y el mundo fueron juzgados (Ro. 6:3; Jn. 12:31) y por la cual los creyentes son salvos del mundo que ha sido condenado así como del poder satánico de las tinieblas (Gá. 6:14; He. 2:14).
