Isaías es un libro con dos secciones principales. La primera sección (caps. 1—39) trata sobre las medidas gubernamentales que Dios toma con respecto a Su amado Israel y Su juicio con el cual castiga a las naciones, de modo que Israel pueda ser traído de regreso a Dios y que el Cristo todo-inclusivo pueda ser introducido junto con la esperada restauración de todas las cosas (Is. 11:6-9; 35:5-6; cfr. Mt. 19:28; 10:1; Ro. 8:19-23). La sección final de Isaías (caps. 40—66) contiene las palabras bondadosas que Jehová habla al corazón de Israel, Su pueblo amado. Estas palabras presentan la visión del profeta con respecto al Cristo redentor y salvador como Siervo de Jehová y revelan la salvación todo-inclusiva traída por Cristo para Israel y las naciones, junto con la plena restauración de todas las cosas, cuya consumación es el cielo nuevo y la tierra nueva.
Los primeros treinta y nueve capítulos de Isaías, que corresponden a los treinta y nueve libros del Antiguo Testamento, se enfocan principalmente en la vieja creación, mientras que los últimos veintisiete capítulos, que corresponden a los veintisiete libros del Nuevo Testamento, se centran en la nueva creación (2 Co. 5:17; Gá. 6:15). Tanto este capítulo de Isaías como el Nuevo Testamento comienzan hablándonos de la venida de Juan el Bautista, quien introdujo al Cristo esperado con miras al inicio de la nueva creación (v. 3; Mr. 1:1-11). La venida de la nueva creación no pone fin a la vieja creación inmediatamente; más bien, la vieja creación permanece por un tiempo, hasta que se le pone fin al final del milenio (cfr. 2 P. 3:7, 10-12). El fin del reino de mil años será también el fin de la vieja creación así como la compleción, la consumación, de la nueva creación, lo cual está representado por la Nueva Jerusalén en el cielo nuevo y la tierra nueva (2 P. 3:13; Ap. 21:1-2).