Este salmo, concerniente al amor del salmista por la casa de Dios con Cristo, viene después del grupo de salmos —iniciado con los salmos 73 — que habla sobre el despojamiento de quienes buscan a Dios y la desolación de la casa de Dios. Al efectuarse el recobro y la restauración (Sal. 80), se intensifican la preciosidad y dulzura de la casa de Dios.
El contenido intrínseco del salmo 84 es la revelación secreta respecto al disfrute de Cristo como el Dios Triuno encarnado, el Dios-hombre. El centro de esta revelación secreta es la casa de Dios (vs. 4, 10), tipificada por el tabernáculo (Éx. 40:2-8) y el templo (1 R. 6:1-3; 8:3-11). Cristo como corporificación del Dios Triuno (Col. 2:9) es el cumplimiento de lo tipificado por el tabernáculo y el templo. Este cumplimiento se inició con Su encarnación, el Cristo individual (Jn. 1:14; 2:21), y continuará hasta que consume en la Nueva Jerusalén, el Cristo corporativo, el gran Dios-hombre (Ap. 21:2-3, 22). El Nuevo Testamento, de Mateo a Apocalipsis, abarca el período completo de la encarnación del Dios Triuno y constituye un relato de la encarnación divina. El disfrute que en la casa de Dios tenemos de Cristo como el Dios Triuno encarnado, se halla retratado en la manera en que estaba dispuesto el tabernáculo y sus enseres (véase la nota Sal. 84:33 y la nota He. 9:41 y la nota He. 9:43c).
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