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Capítulos de libros «Zacarías»
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  • Las visiones presentadas en los caps. 3 y 4 atañen, respectivamente, al sacerdocio y el reinado, que guardan relación con la reedificación del templo (véase la nota Esd. 5:11). La visión presentada en el cap. 3 con respecto a Josué tenía como finalidad fortalecer al sumo sacerdote Josué en el sacerdocio, mientras que la visión del candelero de oro y los dos olivos presentada en este capítulo tenía como finalidad fortalecer a Zorobabel, el gobernador de Judá, en el reinado. En el Zac. 3, Josué fue medido (véase la nota Zac. 3:11a, párr. 2), lo cual tuvo como resultado que él fuese fortalecido y establecido al haber sido purificado. En el Zac. 4, Zorobabel fue medido de modo que pudiera ser fortalecido y establecido a fin de dar continuación a la reedificación del templo y concluirla.

  • El sacerdocio de Josué representa el sacerdocio que ejerce la nación de Israel en pro de Dios ante las naciones. El candelero de oro representa el testimonio resplandeciente de la nación de Israel en pro de Dios ante las naciones. Dios escogió a Israel para que fuese una nación de sacerdotes (Éx. 19:6). Su intención era usar a la nación de Israel como un sacerdocio que condujese las naciones a Dios para que éstas entrasen en la presencia de Dios a fin de ser iluminadas, ser puestas al descubierto, ser disciplinadas por Dios y ser transfundidas por Él con las riquezas divinas; más aún, los sacerdotes debían enseñar a las naciones cómo adorar a Dios y servirle (cfr. Zac. 8:20-23). Además de ser una nación de sacerdotes, Israel debía ser un testimonio en pro de Dios.

    Intrínsecamente, el candelero representa al Dios Triuno corporificado y expresado. En Éx. 25 el candelero representa a Cristo como corporificación y expresión del Dios Triuno. Aquí el candelero representa a la nación de Israel como testimonio colectivo de Dios, cuyo resplandor irradia todas Sus virtudes. Para mayores detalles con respecto al candelero, véanse las notas de Éx. 25:31-40.

  • El suministro provisto para el candelero es los siete tubos para cada una de las siete lámparas, lo cual representa al Espíritu de Dios intensificado siete veces en calidad de abundante suministración (Fil. 1:19b). Véase la nota Ap. 4:51b y la nota Ap. 1:45f, párr. 1.

  • Véase la nota Éx. 27:201. Aquí los dos olivos representan al sumo sacerdote Josué y a Zorobabel, el gobernador de aquel tiempo, quienes eran los dos hijos de aceite, llenos del Espíritu de Jehová para la reedificación del templo de Dios (vs. 3-6, 12-14; cfr. Éx. 31:3 y la nota). Los dos hijos de aceite también tipifican a los dos testigos, Moisés y Elías, quienes durante los últimos tres años y medio de la era presente serán testigos de Dios en la gran tribulación a fin de fortalecer a los pueblos de Dios, esto es, a los israelitas y a los creyentes en Cristo (Ap. 11:3-12; 12:17).

  • Lo dicho en los vs. 5-7 y 9a indica que Zorobabel, el gobernador de Judá, quien echó los cimientos para la reedificación del templo, será también quien sacará la piedra cimera, lo cual significa que él terminaría la reedificación del templo de Dios no por la fuerza ni por el poder, sino por el Espíritu de Jehová. El profeta Zacarías le dijo esto a Zorobabel para sustentarlo, alentarlo, fortalecerlo y para afirmar la mano de Zorobabel a fin de que éste pudiera continuar la edificación del templo hasta consumar la obra.

  • Mientras que el cap. 3 se refiere a la muerte de Cristo, la cual tiene por finalidad la redención (Zac. 3:9), el cap. 4 habla sobre el Espíritu, cuya finalidad es llevar a cabo la economía de Dios. Según el Nuevo Testamento, Cristo es Aquel que fue crucificado para nuestra redención, quien fue levantado de entre los muertos y quien, en resurrección, llegó a ser el Espíritu vivificante (1 Co. 15:3-4, 45). Como resultado de la redención efectuada por Cristo, el pueblo de Dios puede ahora disfrutar a Cristo como el Espíritu (Gá. 3:13-14), incluso como el Espíritu intensificado siete veces (Ap. 1:4; 4:5; 5:6). Después que creímos en el Cristo crucificado, Dios nos suministra el Espíritu todo-inclusivo para que se lleve a cabo Su edificación (Gá. 3:1-2, 5). Es por este Espíritu que la edificación de la iglesia será consumada.

  • Sacará la piedra cimera equivale a completar la edificación. Los gritos de “¡Gracia, gracia a ella!”, indican que la piedra cimera es, ella misma, la gracia. La piedra cimera tipifica a Cristo, quien es la gracia de parte de Dios para nosotros a fin de ser la cubierta del edificio de Dios (véase la nota 1 Co. 15:101a). Cristo es la piedra del fundamento que sostiene el edificio de Dios (Is. 28:16; 1 Co. 3:11), la piedra del ángulo que une a los miembros judíos y gentiles de Su Cuerpo (Ef. 2:20; 1 P. 2:6) y la piedra cimera que da consumación al edificio de Dios.

  • “Estos siete,” que son los ojos de Jehová, son los siete ojos de la piedra mencionada en Zac. 3:9. Los siete ojos de la piedra son los siete ojos de Jehová y también los siete ojos del Cordero, Cristo (Ap. 5:6). Por tanto, la piedra, Jehová y el Cordero son uno. Cristo es tanto el Cordero redentor como la piedra con la cual se edifica, y Él es también Jehová. Los siete ojos de Cristo son los siete Espíritus de Dios (véase la nota Ap. 5:65d y la nota Ap. 1:45f), lo cual indica que Cristo y el Espíritu Santo, aunque distintos entre Sí, no están separados. Del mismo modo en que los ojos de una persona son esencialmente uno con dicha persona, así también el Espíritu Santo es esencialmente uno con Cristo (Ro. 8:9-10; 2 Co. 3:17). La función que cumplen los siete ojos de Cristo es la de observar y escudriñar a fin de ejecutar el juicio de Dios en el universo así como transfundir e infundir todo cuanto Dios es a Su pueblo escogido. En Su resurrección Cristo, el postrer Adán, llegó a ser Espíritu vivificante (1 Co. 15:45; Jn. 6:63a; 2 Co. 3:6b), el cual también es el Espíritu intensificado siete veces. Este Espíritu es el Espíritu de vida (Ro. 8:2). Por tanto, la función que cumplen los siete Espíritus es la de impartir la vida divina al pueblo de Dios para la edificación de la morada eterna de Dios, la Nueva Jerusalén.

  • En los caps. 3 y 4 una misma persona, Zorobabel, es representada por un renuevo (Zac. 3:8), un árbol (vs. 3, 11) y una rama (v. 12). Esto indica que Zorobabel no es la fuente. Él no es un árbol completo en sí mismo; más bien, él es un árbol que, en realidad, es la rama de otro árbol, y ese árbol es la fuente. Más aún, Zorobabel también es el renuevo de ese otro árbol, y ese árbol es Cristo. Cristo es el único olivo (véase Ro. 11:17 y la nota 2), y Zorobabel junto con todos los que creen en Cristo son las ramas, los renuevos, de Cristo (Jn. 15:5a). Por tanto, todos los creyentes son los muchos olivos, no en el sentido de ser árboles independientes, sino en el sentido de ser ramas de Cristo, el único olivo.

  • Aquí, que vierten no se refiere a los picos, sino a las ramas. Para que el candelero resplandezca, se necesita aceite. Los dos olivos suministran el aceite de oliva al hacer que dicho aceite fluya por medio de las ramas a los picos, los cuales, a su vez, dirigen el aceite al tazón, desde el cual es suministrado al candelero por medio de los tubos (v. 2).

  • Se refiere al aceite. El aceite denota el Espíritu, y el Espíritu es Dios, quien, en tipología, está representado por el oro. Por tanto, suministrar el aceite para que el candelero resplandezca equivale a que Dios mismo fluya hacia otros a fin de suministrarles el Espíritu intensificado siete veces de modo que ellos sean vivificados para constituir el testimonio de Dios mediante la iglesia.

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