El Señor mencionó primero que los ciegos recibieron la vista, porque en el Antiguo Testamento nunca se había hecho tal milagro. Al decir esto, le dio a Juan la evidencia clara de que nadie más que el Mesías habría podido hacer tal milagro (Is. 35:5). Además, en el sentido espiritual, primero los ciegos reciben la vista. En la salvación del Señor, primero Él abre nuestros ojos (Hch. 26:18); entonces, podemos recibirlo y andar en pos de Él.
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