Los pies representan el andar. Los pies de un becerro son rectos, lo cual representa que el andar de los seres vivientes no es torcido en conformidad con la habilidad humana, sino recto, franco, fiel y honesto en conformidad con la gracia divina (2 Co. 1:12; 4:2; Mt. 5:37; 21:23-27; 1 Co. 4:21; Gá. 2:11-14). Los pies de un becerro también son hendidos, están divididos, lo cual representa que en su andar los seres vivientes pueden discernir entre lo correcto y erróneo, entre lo limpio e inmundo a los ojos de Dios (Fil. 1:9-10 cfr. la nota Lv. 11:31). Que los pies de los seres vivientes relucieran con el aspecto del bronce bruñido significa que su andar ha sido probado y examinado por el Señor y que éste resplandece, dando luz a otros y poniendo a prueba el andar de ellos (cfr. la nota Ap. 1:151a).
Un becerro representa lozanía, vitalidad y vigor (cfr. Sal. 29:6; Mal. 4:2). El andar de los seres vivientes es vigoroso, lleno de vida, frescura y novedad, como el de un becerro joven (cfr. Ro. 6:4; 7:6).
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