Hacer que las piedras se convirtieran en panes ciertamente habría sido un milagro. Esto fue propuesto por el diablo como una tentación. Muchas veces, el deseo de ver que se efectúe un milagro en ciertas situaciones es una tentación del diablo. El diablo tentó al primer hombre, Adán, con la comida (Gn. 3:1-6). Aquí tentó al segundo hombre, Cristo, con la misma cosa. El asunto de comer es una trampa que el enemigo siempre usa para atrapar al hombre, tentándole en sus necesidades más básicas.
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