El hecho de que Pablo, Bernabé y otros acudieran a los apóstoles y a los ancianos de Jerusalén no se debía a que Jerusalén fuera la sede del mover de Dios, ni a que la iglesia en Jerusalén fuera la iglesia principal que controlaba a las demás. Fueron allí debido a que Jerusalén era la fuente de las enseñanzas heréticas en cuanto a la circuncisión. Para solucionar este problema y cortarlo de raíz, ellos tenían que ir a la fuente del mismo. Conforme a la economía neotestamentaria de Dios no existe una sede del mover de Dios en la tierra y no existe una iglesia principal que controle a otras iglesias como ocurre en la Iglesia Católica Romana. La sede del mover de Dios en Su economía neotestamentaria está en los cielos (Ap. 4:2-3; 5:1), y el único que gobierna a todas las iglesias es Cristo, quien es Cabeza de la iglesia (Col. 1:18; Ap. 2:1).
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