Observado a distancia, la característica más prominente del tabernáculo era los cortinajes de lino fino del atrio. Estos cortinajes eran tanto la expresión externa del edificio de Dios como sus límites perimétricos. Los cortinajes del atrio representan a Cristo, la justicia de Dios, quien fue hecho justicia a la iglesia (1 Co. 1:30) y es expresado en el vivir de la iglesia para ser tanto sus límites como su expresión (véase la nota Mt. 5:201a, la nota Fil. 3:95c y la nota Ap. 19:82b).
En el caso del tabernáculo, la expresión del edificio de Dios era externamente la justicia, representada por el lino, e internamente la santidad, representada por el oro. La justicia es la expresión de Dios en Sus actos, y la santidad es la expresión de Dios en Su naturaleza. Externamente, delante de los hombres, la expresión de la iglesia debe ser la justicia, e internamente, delante de Dios, su expresión debe ser la santidad (cfr. Ef. 4:24). Es necesario que la justicia sea nuestra expresión externa antes de poder tener la santidad como expresión interna (véase la nota Is. 5:162 y la nota Ro. 6:192).
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