Tal como en la obra evangelizadora de Felipe (Hch. 8:29, 39), el avance del apóstol Pablo y sus colaboradores para la propagación del evangelio no se efectuó según la decisión y preferencia de ellos, ni de acuerdo con ningún programa ideado por algún concilio humano, sino por el Espíritu Santo conforme al consejo de Dios. Ellos quisieron predicar la palabra en Asia, pero el Espíritu Santo se los prohibió. Prohibir de este modo forma parte de cómo el Espíritu Santo lo guía a uno.
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