La verdadera sustitución tiene como base la unión. Después que Dios vistió a Adán con una túnica de pieles de cordero, Adán se hizo uno con el cordero; por tanto, el pecador fue hecho uno con su sustituto. En esto consiste la unión. Dicha unión hace que la sustitución sea eficaz. Al creer en el evangelio somos revestidos de Cristo, quien es puesto sobre nosotros como justicia que nos cubre (cfr. Lc. 15:22), y también somos puestos en Cristo (1 Co. 1:30), haciéndonos uno con Él. Puesto que somos uno con Cristo, todo cuanto Él logró en la cruz llega a ser nuestro. Creer en Jesucristo es ser uno con Él, o sea, ser hechos partícipes de una unión con Él (véase la nota Jn. 3:162d). En tal unión, todo cuanto Cristo es, todo cuanto Él posee, todo cuanto hizo y hará, así como todo cuanto logró y obtuvo, es nuestro. Véase la nota Gn. 6:143, párr. 2; la nota Gn. 8:181, párr. 2; la nota Éx. 12:222 y la nota 1 Jn. 2:22.
Los principales elementos del evangelio están presentes en los vs. 15, 21, los cuales indican que Dios, el Creador del hombre, después de la caída de éste, se convirtió en su Salvador al venir como simiente humana que murió para destruir a Satanás, redimir al hombre caído y convertirse en la justicia del hombre, de modo que el hombre pudiera ser justificado y ser puesto en Dios para ser uno con Él.