La corriente de este río produce tres materiales preciosos: oro, bedelio y ónice. Estos materiales tipifican al Dios Triuno, quien es los elementos básicos de la estructura del edificio eterno de Dios. El oro tipifica a Dios el Padre con Su naturaleza divina, de la cual el hombre puede participar por medio del llamamiento divino (2 P. 1:3-4), como base del edificio eterno de Dios; el bedelio, un material similar a la perla y que es producto de la resina de un árbol, tipifica lo producido por Dios el Hijo en Su muerte redentora que libera la vida divina (Jn. 19:34) y en Su resurrección que nos imparte dicha vida (Jn. 12:24; 1 P. 1:3), como entrada al edificio eterno de Dios (cfr. Ap. 21:21 y la nota 1, párr. 1); y el ónice, una piedra preciosa, tipifica lo producido por Dios el Espíritu mediante Su obra transformadora (2 Co. 3:18) para la edificación del edificio eterno de Dios. La Nueva Jerusalén está construida con estas tres clases de materiales: oro, perlas y piedras preciosas (Ap. 21:11, 18-21). Véase la nota Ap. 21:211b, párr. 2.
El pectoral del sumo sacerdote, un símbolo de Israel como pueblo antiguotestamentario de Dios, estaba confeccionado con oro y piedras preciosas (Éx. 28:6-21), y la iglesia en el Nuevo Testamento está edificada con oro, plata y piedras preciosas (véase 1 Co. 3:12, donde la plata, que representa la redención de Cristo, aparece en lugar del bedelio o la perla debido a que el hombre después de la caída necesita ser redimido). Esto indica que la Nueva Jerusalén incluye a la totalidad del pueblo escogido y redimido por Dios, es decir, a Israel más la iglesia (véase la nota Ap. 21:124 y la nota Ap. 21:142).
El fluir de la vida divina en el hombre trae consigo la naturaleza divina que, así, es impartida al hombre (2 P. 1:4), lo regenera (1 P. 1:3) y lo transforma a la imagen gloriosa de Cristo (2 Co. 3:18). Por tanto, el hombre, creado del polvo (v. 7), es transformado en material precioso útil para el edificio de Dios, cuya consumación será la Nueva Jerusalén.